Caracas es un lugar lleno de cuentos, mitos y leyendas. Una ciudad marcada por eventos sobrenaturales que se reflejan en muchos sitios y esquinas que llevan, aún hoy, sus nombres asociados con esos recuerdos.
Una de las leyendas
más conocida es la historia del Enano de la Catedral de Caracas, una historia
muy antigua que data de la época colonial. Según cuenta la leyenda, a las 12 de
la medianoche aparecía un enano con un cigarro en la mano que quería dar
escarmiento a todo hombre mujeriego que estuviese de fiesta y se
pasease por allí a esas horas de la madrugada.
El enano les hacía
señas para pedirles un fósforo para encender su cigarro y
cuando la víctima se acercaba, el enano comenzaba a crecer hasta que alcanzaba
la altura de la torre de la Catedral y el hombre mujeriego corría espantado e
impresionado por lo que había visto para luego caer desmayado.
También se cuenta la
leyenda del Conde, que aparece en las cercanías de la Fiscalía
General de la República o del Liceo Andrés Bello, que era era la zona en donde
vivían los condes Don Antonio Pacheco conde San Javier y Don Fernando
Ignacio de Ascanio conde de La Granja que, según se dice, transitaban por
allí normalmente, incluso hasta después de su muerte.
Cada noche El Conde salía vestido de gala en una carreta halada por caballos degollados y él exhibía por la ventana de la carreta su propia cabeza sonriente, sostenida por su mano, mientras con un gesto saludaba a los transeúntes que se encontraran por allí a esas horas de la noche.
Muchos historiadores caraqueños cuentan también la leyenda del Carretón de la muerte, una que carreta marchaba sin tripulantes cargada de una pila de huesos humanos por las calles de Caracas, y a cuyo alrededor se escuchaban un montón de quejidos tenebrosos.
También se escuchaba
hablar de las ánimas del purgatorio: un centenar de
mujeres que aparecían por las noches murmurando cosas ininteligibles, vestidas
con hábitos y a las que nunca se les veía el rostro. Esta leyenda es la que
bautizó a la esquina de Las Ánimas.
En la actualidad ya
no se escucha hablar de la aparición de ninguno de estos fantasmas
caraqueños, sin embargo, algunas personas cuentan anécdotas de las casas de
familia antiguas de zonas como La Pastora, La Candelaria o Santa Rosalía, en
las que no todos los fantasmas son malos. Un ejemplo de estos espíritus
benefactores es el de José Gregorio Hernández, que después de
fallecido comenzó a aparecerse en las casas y calles aledañas al Hospital
Vargas.
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